Visitar FITUR siempre es una experiencia intensa, pero hacerlo desde dentro del sector eventos lo convierte casi en un ejercicio de análisis continuo. Más allá del turismo, esta feria es un auténtico laboratorio de activaciones, diseño, storytelling y estrategia. Y este año nos dejó muchas lecturas interesantes.
En los pabellones de países algo quedó claro: la experiencia humana sigue siendo clave. Personas vestidas con trajes tradicionales invitaban a los asistentes a acercarse, conversar y descubrir el stand. No era solo estética: era hospitalidad convertida en activación. Un recordatorio de que, en eventos, el factor humano sigue siendo uno de los grandes imanes.
Los stands crecieron en tamaño, formas y ambición. Estructuras voladas con diseños, zonas de networking más íntimas, recorridos experienciales y una clara apuesta por vivir el stand desde dentro. México destacó especialmente, con un espacio que integraba todos sus estados, mostrando diversidad sin perder coherencia. También nos llamó la atención el uso del olor como elemento narrativo: aromas que te transportaban al país sin necesidad de palabras.
Vimos cómo algunos destinos apostaban por espacios de gaming, con colaboraciones vinculadas a universos como Fortnite. Más allá de lo llamativo, el mensaje es claro: conectar con nuevas generaciones pasa por hablar su lenguaje. Unos de estos fueron: Castilla de la Mancha y Ciudad de México.
FITUR fue un despliegue visual en mayúsculas. Pantallas curvas, techos digitales, pasillos envolventes, estructuras en movimiento, salas completamente cubiertas de LED… La tecnología ya no acompaña al diseño: es el diseño. Eso sí, el reto sigue siendo el mismo: que tanta pantalla tenga un relato detrás y no se quede solo en impacto visual.
El showcooking y las degustaciones siguen siendo un valor seguro. No solo atraen, detienen al visitante, generan conversación y activan los sentidos. Comer, oler, probar… sigue siendo una de las formas más eficaces de conectar emocionalmente.
Como siempre la música estuvo muy presente: grupos en directo, instrumentos tradicionales, sonidos que acompañaban la experiencia. Y los claims marcaron territorio: mensajes potentes, identitarios y creativos como “El cielo nos ha elegido” (Castilla de la Mancha) o “El país de la belleza” (Colombia). Breves, emocionales y fáciles de recordar.
FITUR sigue siendo un estallido de color, diversidad y estímulos. Pero, visto desde el prisma de los eventos, deja una lección clara: para el éxito de un stand se necesita combinar diseño, comunicación y activación con coherencia, sensibilidad y propósito.
Porque impactar es importante, sí. Pero conectar lo es todavía más.